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La Experiencia De Aprender

Video· La esquina de todos (episodio 1)

Cuento para niños sobre habilidades sociales | Comunicación efectiva

Escuchar no es lo mismo que oír: las señales de la escucha mutua y sus tipos. Episodio 1 de La esquina de todos, Nuestros saberes 4.º.

12:11Publicado el

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En este video aprenderás

  • Qué es escuchar (y por qué no es lo mismo que oír)
  • Las 5 señales de la escucha mutua: levantar la mano, mirar a los ojos, comprender, expresar interés y no interrumpir
  • Los 4 tipos de escucha: apreciativa, comprensiva, crítica y empática
  • Por qué saber escuchar crea ambientes de confianza
  • Lo que el libro NO dice: la diferencia entre oír y escuchar, y el celular boca abajo

Capítulos

  1. 0:00¿Nadie te escucha?
  2. 0:33La esquina de Dani
  3. 0:52¿qué es escuchar?
  4. 3:20El radio del abuelo: los 4 tipos de escucha
  5. 5:24Cuando Nico no escucha
  6. 7:44Escuchar es hacerle un lugar al otro
  7. 8:25Resumen
  8. 9:05¡Sintoniza la estación!
  9. 11:20Misión en familia

Transcripción del video

Revisada

¿Alguna vez has hablado, y hablado, y has sentido que nadie te escucha? A mí me pasó la semana pasada. En mi salón todos hablaban a la vez, y yo tenía algo importante que decir. Se trataba de un árbol. Un árbol que tiene exactamente mi edad.

Pero nadie me dejó terminar la frase. Hasta que un radio viejo y el niño más ruidoso de cuarto B me enseñaron lo que es escuchar de verdad. Me llamo Dani, tengo nueve años, y esta es mi esquina. Junto a la barda de mi escuela hay un terreno vacío, con hierba alta, una banca rota y una jacaranda joven. Es mi lugar favorito del mundo.

Ahí me siento a dibujar. El lunes, la maestra Lupita entró al salón con una noticia: ese terreno va a cambiar. Los vecinos y la escuela van a decidir qué se hace con él. Y cuarto B tiene cinco semanas para preparar una propuesta. ¡Y se armó!

Nico gritó: ¡Una cancha de futbol! Pedro: ¡Canicas! María: ¡La rayuela! Todos a la vez, todos a todo volumen. Yo levanté la mano.

La levanté tanto que me dolió el hombro. Maestra, ese árbol… Pero Nico ya estaba hablando de porterías. Ni siquiera volteó. Y sentí algo raro. Como si mi voz fuera un radio con el volumen muy bajito, en medio de un montón de radios a todo volumen.

La maestra pidió silencio, y abrió el libro Nuestros saberes de cuarto grado en la página ciento noventa y cuatro. Escuchar, leyó, es interpretar y entender no solo lo que se dice, sino también los sentimientos, las ideas y los pensamientos. Es decir, escuchar es más que oír. Oír lo hacen tus oídos solitos, aunque no quieras. Escuchar es oír con interés, concentrado en lo que dice la otra persona.

Implica poner atención, pensar y razonar. Y el libro da cinco señales de la escucha mutua en la familia y en la escuela. Una: se levanta la mano para tomar turnos y opinar. Dos: se mira a los ojos a la persona que habla. Tres: se presta atención a lo que dice y se procura comprenderla.

Cuatro: se expresa alegría, duda, sorpresa o interés al escuchar. Y cinco: se evita interrumpir. La maestra nos pidió contar cuántas cumplíamos. Yo, cuatro y media. Nico, cero.

Bueno, una: levantaba la mano, pero para hablar él. El libro explica por qué importa: saber escuchar crea confianza, y así cada quien puede expresarse libremente, sin que le impongan una opinión. Muy bonito. Pero esa tarde me fui a casa con un nudo en la garganta. Mi abuelo Tomás es carpintero.

En su taller tiene un radio de mueble, de esos con perilla. Es sordo del oído izquierdo, así que voltea la cabeza para oírme con el derecho. Ven, mija, me dijo. Mira, tu oído es como este radio: tiene estaciones. Giró la perilla, y salió una canción.

Esta estación es para disfrutar, dijo. Es la escucha apreciativa. Escuchas por placer, como cuando disfrutas la música. Y se puso a bailar conmigo. Giró otra vez: una voz de noticias.

Esta es para aprender algo nuevo: la escucha comprensiva. Como cuando atiendes un podcast, una noticia o una clase. Giró una vez más: un anuncio decía que un jabón quita todas las manchas del mundo. ¿Será cierto?, preguntó el abuelo, levantando una ceja. Esta es la escucha crítica: escuchas para formarte una opinión, como en un debate.

Y luego apagó el radio. Se sentó frente a mí, me miró a los ojos y me dijo: Ahora, cuéntame, Dani. La cuarta estación no se sintoniza en ningún radio. Es la escucha empática. Se escucha para comprender, y la atención se centra en la otra persona, no en uno mismo.

Las cuatro estaciones están en el libro, en la página ciento noventa y cinco. Y se lo conté todo. Él no me interrumpió ni una vez. No me dio consejos, ni dijo no es para tanto. Solo escuchó.

Y mi problema se hizo más chiquito. Entonces me dio una pista. A veces la gente no escucha porque trae su radio a todo volumen. Hay que bajarle, Dani. Y a veces hay que ayudar a que lo baje.

Al día siguiente, en el recreo, intenté contarle a Nico. Empecé: ese árbol… Y Nico: ¡Ah, el árbol! Ya sé, estorba, ahí ponemos la portería. Y siguió hablando de goles. Mi abuelo tenía razón.

Nico estaba a mi lado, pero su radio estaba en otra estación: la de preparar su respuesta. Mucha gente solo espera su turno para hablar. Me quedé callada, con las palabras atoradas. Esa tarde me fui sola a la esquina, a dibujar. Estaba terminando el tronco de la jacaranda cuando oí pasos.

Era Nico: su balón había rodado hasta la esquina. Me vio con los ojos rojos, y no hizo ningún chiste. Dejó el balón, se sentó frente a mí y preguntó: ¿Qué pasó, Dani? Y esperó. Cinco segundos.

Diez. No dijo nada. Me miraba a los ojos, y movía la cabeza para decir: te estoy oyendo. Entonces se me salió todo. Ese árbol tiene mi edad.

Mi abuelo lo plantó el día que nací. Cada año nos tomamos una foto juntos, el árbol y yo. Y cuando dicen que lo van a quitar, siento que me quitan un pedacito de mí. Nico se quedó callado un rato. Luego dijo muy bajito: No lo sabía.

Gracias por contármelo. Y sonrió, con ese hueco entre los dientes. Yo también tengo mucho que decir sobre la cancha. Pero mañana. Hoy me toca escuchar.

Esa noche leí el recuadro Profundicemos de la página ciento noventa y cinco. Es para maestras y familias, pero tú también puedes leerlo. Dice que la escucha activa nos pone atentos a los gestos y las emociones de quien habla, y que sirve para tomar decisiones entre todos y resolver problemas juntos. Algo que el libro no menciona, y que a mí me ayudó, es el celular. Si lo traes en la mano, tu radio está en otra estación.

Prueba ponerlo boca abajo. Y entendí algo que no voy a olvidar. Escuchar no es hacer silencio. Es hacerle un lugar al otro dentro de ti. Y para que te escuchen a ti, también hay que encontrar cómo hablar.

Pero mi historia con Nico apenas empezaba. Porque él también tenía algo que yo necesitaba escuchar. Y juntos íbamos a descubrir que, a veces, escuchar no basta. Entonces, para recordar, tres ideas. Una: oír pasa solo, pero escuchar es una decisión.

Dos: hay cuatro estaciones. La apreciativa, para disfrutar. La comprensiva, para aprender. La crítica, para opinar. Y la empática, para comprender al otro.

Y tres: para escuchar de verdad, bájale a tu propio radio, mira a los ojos, y no interrumpas. ¡Hora del reto! Se llama Sintoniza la estación. Te voy a contar una situación, y tú dices qué tipo de escucha es. Dilo en voz alta antes de que la aguja llegue al final.

Primera. Vas en el camión escuchando tu canción favorita, con los ojos cerrados, solo porque te encanta. ¿Qué escucha es? ¿La apreciativa? ¿La crítica?

¿O la comprensiva? ¡Correcto! La apreciativa. Escuchas por placer, como cuando disfrutas la música. Segunda.

En clase, la maestra explica cómo se forman las nubes, y tú tomas apuntes porque quieres aprender. ¿Qué escucha es? ¿La empática? ¿La comprensiva? ¿O la apreciativa?

¡Exacto! La comprensiva. Escuchas para aprender algo nuevo, como en una clase, una noticia o un podcast. Tercera. En un anuncio dicen que un jabón quita todas las manchas del mundo, y tú te preguntas: ¿será cierto?

¿Qué escucha es? ¿La apreciativa? ¿La comprensiva? ¿O la crítica? ¡Muy bien!

La crítica. Escuchas para formarte una opinión de lo que alguien más dice. Cuarta. Tu mejor amigo llega llorando. Tú lo miras, no lo interrumpes, y tratas de sentir lo que él siente.

¿Qué escucha es? ¿La empática? ¿La crítica? ¿O la apreciativa? ¡Correcto!

La empática. La atención está en la otra persona, no en uno mismo. Como hizo mi abuelo conmigo. Y como hizo Nico. ¿Cuántas acertaste?

Si fallaste alguna, regresa a la parte del radio del abuelo y vuelve a intentarlo. Una misión para tu casa. Esta noche, pídele a alguien de tu familia que te cuente algo durante un minuto. Tú no interrumpes. Apaga tu radio.

Cuando termine, dile con tus palabras lo que entendiste. Vas a ver su cara. El libro no trae una sección de familia aquí, así que esta misión es mía. Si aprendiste algo, dale like y suscríbete. Y no te pierdas el siguiente episodio de La Esquina de Todos.

Si quieres saber más, revisa los enlaces en la descripción de este video. Sigue disfrutando de la experiencia de aprender. Nos vemos hasta la próxima.

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