Video· La esquina de todos (episodio 4)
Liderazgo para niños | Cómo tomar decisiones
Tomar una buena decisión tiene 6 pasos, de conocer el problema a evaluar el resultado. Episodio 4 de La esquina de todos, Nuestros saberes 4.º.
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En este video aprenderás
- Qué es la toma de decisiones y en qué ámbitos se presenta (familia, escuela y trabajo)
- Decisiones individuales y decisiones en conjunto
- Los 6 pasos: conocer el problema, plantear opciones, evaluar, elegir, llevarla a cabo y analizar resultados
- Cómo evaluar con una tabla de preguntas
- Lo que el libro NO dice: decidir bien no es no equivocarse, es revisar y corregir a tiempo; y decidir no es ganar una votación
Capítulos
Transcripción del video
Revisada
Hoy, antes de las ocho de la mañana, tomé como treinta decisiones. ¿Me levanto o cinco minutos más? ¿Qué desayuno? ¿Calcetines iguales o disparejos? Esas las tomo yo solito, con absoluta libertad.
Pero hay decisiones que no se pueden tomar solo. Y la que me tocó la semana pasada, casi la echo a perder. Soy Nico, tengo nueve años, me encanta el futbol, y esta es la historia de cómo aprendí a tomar una decisión de verdad. El terreno de la esquina mide veinte metros por veinte. Dani, María, Pedro, Sofía y yo ya habíamos negociado: cancha chica, árbol protegido, juegos pintados y turnos.
Pero faltaba lo más difícil: decidir cómo queda todo. Y solo teníamos cuatro días antes de la asamblea de vecinos. La maestra Lupita abrió el libro Nuestros saberes de cuarto grado en la página ciento noventa y nueve. Dice que la toma de decisiones es un proceso en el que se elige entre varias opciones para resolver problemas o situaciones de la vida. Y que pasa en todos lados: en la familia, en la escuela y en el trabajo.
Algunas decisiones se toman de forma individual y con absoluta libertad, como mis calcetines. Otras hay que tomarlas en conjunto, pensando en los demás miembros de una comunidad. Como la esquina. Y luego, la parte que me salvó: para decidir hay que conocer el problema, plantear opciones, evaluar cada una, elegir la mejor, llevarla a cabo y, al final, analizar los resultados. Seis pasos.
Dani los dibujó como seis piedras para cruzar un arroyo. Si te saltas una, ¡al agua! Paso uno: conocer el problema. Salimos con un cordel y medimos la esquina a pasos. Veinte por veinte, o sea, cuatrocientos metros cuadrados.
Y teníamos que meter cinco cosas: la cancha, el árbol, los juegos, la banca y espacio para sentarse. ¿Cabría todo? Paso dos: plantear opciones. Hicimos tres maquetas de cartulina. En el plan A, la cancha va junto a la barda de la escuela.
En el plan B, en el centro. Y en el plan C, al fondo, cerca de la reja y lejos de las casas. Paso tres: evaluar. Hicimos una tabla con cuatro preguntas. ¿Cabe todo?
¿Protege al árbol? ¿Es seguro? ¿Y molesta a los vecinos? El plan A cabe, pero los balones pegarían en las ventanas de la escuela. El plan B parte el terreno en dos y el árbol queda en medio de los tiros.
El plan C cabe, protege al árbol, es seguro y queda lejos de las casas. Hasta le preguntamos a doña Chela, la vecina que se quejó de mi balón. Nos dijo: si la cancha queda lejos de mi ventana, yo misma les traigo limonada. Paso cuatro: elegir. Y aquí casi la echo a perder.
Faltaba un día para la votación, y en el recreo mis amigos del equipo Cancha me rodearon. Nico, tú eres el capitán. Si tú votas por el plan A, todos votamos por el plan A. ¡Es el más grande, y somos más! ¡Vamos a ganar seguro!
Yo sabía que íbamos a ganar. Y sabía que no era el mejor plan. Me sentí atrapado, como un portero rodeado de delanteros. Esa noche no pude dormir. Me quedé viendo el techo, con el plan A en una mano y el plan C en la otra.
Pensé en las ventanas de la escuela. Pensé en doña Chela. Pensé en Dani, que no me había pedido nada. Al día siguiente, el reloj de la escuela marcaba las doce. Faltaban diez minutos para votar.
Me sudaban las manos, y mis amigos me miraban, esperando mi respuesta. No me falles, Nico. Busqué a Dani con la mirada. No dijo una palabra. Solo sonrió, como diciendo: tú sabes qué es lo mejor.
Y entonces me acordé: decidir no es ganar una votación. Es elegir lo mejor para todos, después de evaluar. Respiré hondo, me paré y dije: yo voto por el plan C. Hubo silencio. Algunos amigos se enojaron.
Pero Dani sonrió, Sofía contó los votos, y el plan C ganó. Y sabes qué: me sentí muy bien. Ligero, como si me hubieran quitado una mochila llena de piedras. Y entonces todos, hasta los que se habían enojado, dijeron: ¡manos a la obra! Paso cinco: llevarla a cabo.
El sábado llegó mi papá con sus herramientas, y el abuelo Tomás con su sombrero hizo la banca bajo la jacaranda. Pintamos, plantamos, cargamos. Doña Chela llegó con la limonada. Y por primera vez en meses, mi papá y yo jugamos futbol. Una cancha chiquita, pero nuestra.
Paso seis: analizar los resultados. El lunes llovió. Y al fondo, cerca de la reja… ¡charco! El agua se quedó en la cancha. ¿Nos equivocamos?
Sí, en una cosa. Pero para eso sirve el paso seis. Dani propuso poner grava y una zanja, y el sábado siguiente lo arreglamos. El libro dice que las consecuencias de una buena o mala decisión repercuten en la vida. Por eso hay que revisarlas.
Lo que el libro no dice: tomar buenas decisiones no es no equivocarse nunca. Es revisar y corregir a tiempo. Después leí el recuadro Profundicemos. Dice que decidir en la escuela, como con el orden del salón, nos entrena para decisiones importantes de la vida. ¡Como esta!
Y así, entre risas y pintura fresca, la esquina quedó lista. Pero tener una esquina de todos es apenas el comienzo. Porque ahora venía lo más bonito, y lo más difícil: aprender a convivir. Y el día de la inauguración, el abuelo Tomás nos tenía preparada una sorpresa. Tres ideas para quedarte.
Una: hay decisiones individuales y decisiones en conjunto. Dos: los seis pasos, como seis piedras en el arroyo. Y tres: decidir bien no es ganar una votación, es elegir lo mejor y corregir si hace falta. ¡Hora del reto! Se llama El detective de decisiones.
Te voy a contar una historia a la que le falta un paso, y tú dices cuál se saltaron. Dilo en voz alta antes de que se acabe el tiempo. Primera. Lucía quería una bicicleta. Vio una sola en la tienda y la compró enseguida.
¿Qué paso se saltó? ¿Plantear opciones? ¿Llevarla a cabo? ¿O analizar los resultados? ¡Correcto!
Plantear opciones. Antes de elegir hay que tener varias para comparar. Segunda. Teo y su familia eligieron el postre de la fiesta y lo prepararon, pero nadie preguntó después si a los invitados les gustó. ¿Qué paso se saltaron?
¿Conocer el problema? ¿Elegir la mejor? ¿O analizar los resultados? ¡Exacto! Analizar los resultados.
Así se aprende para la próxima. Tercera. Valeria pensó en tres juegos para el recreo, pero escogió el primero sin comparar cuál le gustaba a todos. ¿Qué paso se saltó? ¿Conocer el problema?
¿Evaluar las posibilidades? ¿O llevarla a cabo? ¡Muy bien! Evaluar las posibilidades: ver las ventajas y desventajas de cada opción. Cuarta.
Alicia decidió cómo cuidar a su perrito, pero no sabía que hay alimentos que le hacen daño. ¿Qué paso se saltó? ¿Elegir la mejor? ¿Plantear opciones? ¿O conocer el problema?
¡Correcto! Conocer el problema. Antes de decidir, hay que informarse bien. Como cuando medimos la esquina. ¿Cuántos casos resolviste?
Si fallaste alguno, regresa a las seis piedras y vuelve a cruzar el arroyo. Misión en familia. Esta semana, tomen una decisión de todos con los seis pasos. Puede ser el paseo del domingo o qué cenar. Conozcan el problema, piensen opciones, evalúen, elijan, háganlo y platiquen cómo salió.
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